lunes, 22 de agosto de 2011

"Podemos cambiar la historia si tenemos voluntad para ello" PEDRO GANDÍA, AUTOR DE LA HABANA Y DESPUÉS


Alex, protagonista de La Habana y después, es un esteta que satisface su hedonismo viajando. Los suyos son viajes de iniciación al conocimiento, que él se complace en hallar en lo diverso, exótico y lejano. Alter ego del protagonista, descubrimos junto a Pedro Gandía las claves para descifrar esta novela que va más allá de los límites sexuales marcados por la sociedad contemporánea.



¿Qué te motivó a escribir La Habana y después?
Diré lo primero que me motivó. Y fue el alegre deslumbramiento que me produjo el lenguaje coloquial, el habla cubana, los cubanismos, tan pronto pisé la isla. Soy filólogo, y sus palabras, sus giros, su sintaxis, su acento, su ritmo, todo me atrajo al momento. Estaba allí, ante mis ojos, brillando, gritando que lo atrapara. De este modo, en la creación del personaje principal, Yunaisis, prioricé lo que dice por encima de lo que piensa o lo que hace. En la segunda parte, la más extensa, los diálogos alcanzan un papel protagonista. Su profusión infecciona a su vez la misma voz del narrador con giros, usos, palabras, o lo que es lo mismo, la cubaniza. De todo ello me valgo para resaltar el tono, lo pictórico del texto, el color local.

"La Habana y después es una novela de temática pansexual."

¿Consideras La Habana y después una novela de temática homosexual?
La considero de temática pansexual. Para el protagonista, mi alter ego, Alex (sin tilde que lo marque como español y sí como ciudadano del mundo), el sexo o el género son conceptos vacíos de significado. La masculinidad y la feminidad no son caracteres biológicos sino productos culturales. Estoy con Margaret Mead en Sexo y temperamento.

¿Cómo te gustaría, pues, que se leyera tu novela?
Toda obra de arte genera múltiples lecturas y todas ellas son válidas. Decía Baudelaire, ya no recuerdo dónde, “Tout pour moi devienne alégorie”, para mí todo se vuelve alegoría. Quería aquí apuntar los dos principales símbolos de La Habana y después en los que se fundamenta esa otra lectura, lectura alegórica, que subyace en la obra. Se trata del símbolo del andrógino y el símbolo del alcohol. Yunaisis, personaje principal de la segunda parte, y Elsa, personaje con el que se cierra la obra, encarnan el símbolo del andrógino, el hombre-mujer que niega la existencia de las esencias y afirma la unión de los contrarios y el misterio de la totalidad del ser. Subyace en la androginia la idea de liberarse de las restricciones de los roles tradicionales, del mandato social que impone un estereotipo de géneros, esa rígida separación de roles que limita nuestro pleno desarrollo. Alex quiere ver a Yunaisis por encima de ella misma, como el ser en su estado de perfección originario, coincidencia de los opuestos. Yunaisis además, como “travestido”, cumple, en su simbolismo trasgresor, de desvío de los códigos culturales imperantes, una función reconstructora de los estándares de género, que no son sino una construcción social de los que no existe ninguna verdad absoluta. 
El otro símbolo es el alcohol. La Habana y después está escrita desde el alcohol, y a él le debe su estructura fragmentaria. Tres fragmentos, y cada uno de los mismos fragmentado a su vez, in crescendo. Alex se vale del alcohol para conectar más fácilmente con el entorno, con la realidad más profunda. Y es, a su vez, para él un vehículo de transporte, no de fuga, que lo lleva a otra dimensión. No utiliza el alcohol para huir de la dura y miserable realidad del Periodo Especial cubano y, en Filipinas, de la bajada a los infiernos que supone, en el extrarradio de Cebu City, la contemplación del horror en los territorios squatter. Sino para transfigurar esa realidad, para mistificarla y alcanzar la visión. Alex se vale del alcohol (elemento ceremonial) para modificar la percepción del mundo circundante, es decir,  transformar la percepción del yo y del otro. También es un modo de saciar su sed alquímica del andrógino, pues el alcohol (agua-fuego, agua-ardiente, eau de vie que dirían los franceses, agua de vida) es un símbolo de coincidentia oppositorum. Pero también, ese mundo mágico, ideal, de visiones, por encima de la realidad impuesta, responde a una clara actitud política: supone una bofetada al castrismo y, por extensión, a todos los regímenes totalitarios.

"El artista homosexual es otra cosa, puesto que el artista muere cuando se acomoda."

La búsqueda de la belleza y el culto a la vida son los ejes sobre los que se asienta el personaje, ¿es el autor un esteta como el protagonista de la novela?
Me temo que no sé distinguir entre la vida y el arte. Mi posición ante el acto creativo ha sido, desde siempre, la de un esteta que tiende a crearse una forma ideal del yo por el propio acto de escritura. Bella e inexacta verdad, mentira o ilusión, no siento de otro modo el objetivo mismo del arte.

En La Habana y después describes la relación entre un gay y un transexual de una manera muy transgresora. ¿Crees que los homosexuales nos estamos “aborregando” o “acomodando”?
Yo diría, mejor, que se trata de una relación entre dos seres humanos que se relacionan sexualmente de un modo natural, muy natural —¿no desterramos ya el concepto “contra natura”?—. Y todo lo natural es normal. En cuanto a lo de “manera muy transgresora”, he de puntualizar que soy un transgresor nato. Y, en respuesta a la pregunta, no creo que el homosexual se esté «aborregando o acomodando» ni más ni menos que el resto. El artista homosexual es otra cosa, puesto que el artista muere cuando se acomoda. Pero podemos cambiar la historia si tenemos voluntad para ello. Tengo la esperanza de que así será, no está todo perdido. Creo en el 15M. Y, si se me permite soñar desde la atopía, mi “habitáculo a la deriva”, imagino una sociedad con una política pluralizadora que haga hincapié en la diferencia. Sería una sociedad infinitamente parcelada, de divisiones no sociales, es decir, no conflictivas. Un mundo donde no habría sino diversidad, de modo que diferenciarse ya no significaría exclusión. Un mundo donde lo natural (lo legal) sería paradójicamente lo minoritario, lo marginal; y la naturalidad, los inconformismos públicos.

Además de novelista y poeta, eres pintor, escultor, fotógrafo y video-artista, ¿con cuál de todas estas facetas te sientes más identificado?
O lo que viene  a ser: cómo me defino. Me resulta más fácil definir a los otros, por ejemplo: Paul Gaugin como un filósofo que pinta; o Igor Stravinsky, un profesor que hace música. En cuanto a mí, soy un enigma para mí mismo. No sabría identificarme sino como un hacedor de imágenes que escribe, pinta, esculpe, fotografía o filma. La creación, para mí, es un acto de vida.


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