miércoles, 13 de abril de 2011

"La prostitución es una profesión y no debe ser demonizada" afirma Rafa C. que regento el mejor piso de chaperos que ha conocido España

Para regentar el que fue el ‘mejor piso de chaperos de Madrid’, Rafa C. tuvo que lidiar durante diez años con la picardía y sagacidad del casi centenar de chicos que pasaron por aquel céntrico piso madrileño. Metódico y estricto, Rafa C. anotó el día a día de aquellos años que siempre recordará con una descarada sonrisa.


¿No suena un poco pretencioso decir que regentaste el ‘mejor piso de chaperos de Madrid’?
En absoluto porque durante muchos años así fue reconocido a nivel nacional por todos los profesionales del sector en España. Con tres normas: seriedad, honradez y discreción. Y en la Comunidad Europea, solamente con Claus, en Berlín, se nos pudo comparar llegando a superar los cincuenta servicios en un día.
En SERVICIO COMPLETO narras con todo lujo de detalles las experiencias de los clientes con los chaperos, ¿ya no quedan chaperos discretos?
Por supuesto que sí, muchísimos, solo que esos no se hacen notar. Un chapero inteligente sabe que la discreción es su mejor garantía de futuro. Los que saben mantener una imagen de honestidad y discreción, cuando deciden dejarlo, tienen su agendita de contactos para enchufes y recomendaciones de follamigos. Se les abren muchas puertas que a cualquier otro no se le abrirían.
Cuando mi marido y yo seamos más mayores contrataremos a alguno de esos chicos que conozco para que atienda nuestros asuntos y viva con nosotros. 
¿A qué se dedica un chapero cuando deja la profesión?
Depende. Los bisexuales son bastante predecibles, suelen casarse, trabajan en cualquier cosa y cuando les surge la oportunidad follan con tíos.  En los homosexuales hay más diversidad, unos al llegar a cierta edad se enrollan con otro chapero y tratan de buscarse otro trabajo combinándolo con algunos servicios. Otros tratan de encontrar un príncipe azul en forma de un señor de edad mediana que les retire antes de que se les pase el arroz. Los más inteligentes regresan a su país con la vida resuelta. Y, por último, lo que siempre fue mi caballo de batalla, los que se meten en el mundo de las drogas: esos no tienen follamigos importantes que les ayuden,  terminan trabajando de camellos o tirados por las calles pues son personas que necesitan mucho dinero y no están acostumbradas a trabajar, no tienen más futuro.
“Cuando mi marido y yo seamos más mayores contrataremos a alguno de esos chicos que conozco para que atienda nuestros asuntos y viva con nosotros.”

En ese piso sucedieron multitud de cosas divertidas, extravagantes y extremadamente morbosas; pero lo vuestro era un negocio peligroso. ¿Nunca llegaste a tener miedo?
Sí, algunas veces, una en concreto en que un chico de Asturias persiguió con una navaja enorme a un chico de Valencia. Tuve que echarle cojones y sangre fría para poder calmarle y quitársela para que no ensartara a la marica lenguaraz. El chico asturiano se había enrollado con una camarera y el de Valencia, en un ataque de celos, le dijo a la chica que ése era su hombre y que trabajaban de chaperos.
Según el libro eres una persona estricta y perspicaz. No dejabas entrar drogas en el piso y no permitías que los chaperos se enamoraran entre ellos, ¿tan malo es el amor para el negocio?
El amor y las drogas son lo peor para este negocio. El amor provoca celos y conflictos, yo he llegado a ver como un chico le metía el dedo en el culo a su novio después de un servicio para saber si se había dejado follar. Las drogas transforman a las personas, convierten a un buen chico en un ser abominable. La pena de muerte es poco para aquellos que las venden.
Y en el lado contrario, ¿hubo algún enamoramiento entre cliente y chapero?
Muchos  casos se dieron de retirar al chico de la prostitución de forma definitiva. Otros clientes, de esos que se dicen decentes, se llevaban a los chicos con mil promesas: los metían en un apartamento hasta que se cansaban de ellos y desaparecían, tuve incluso un cliente anticuario al que declare persona non grata por reincidir en esas prácticas.
Eres de opiniones controvertidas, ¿realmente crees que la prostitución es una ‘labor socialmente necesaria’?
Rotundamente sí. Hay verdades que son evidentes y la libre utilización de nuestro cuerpo es un derecho natural e incuestionable que ningún gobernante, por muy democráticamente que haya sido elegido, tiene derecho a impedir o dificultar.
En segundo lugar los clientes, muchos son personas de edad a los que de otra forma les resultaría muy difícil tener relaciones sexuales. Otros son poco agraciados. Otros por timidez o comodidad. Los motivos para contratar un servicio sexual son infinitos. Esto es una profesión y no debe ser demonizada.
En las ciudades grandes la mayoría de los hombres lo hacen y muchas mujeres también. Una persona sexualmente satisfecha tiene muchas más posibilidades de ser una persona equilibrada en todos los sentidos y con mejor carácter que una persona insatisfecha, algunas veces para poder satisfacerse no dudan en recurrir a la violación o incluso al asesinato.

“Siempre que se haga con honradez la prostitución es un labor socialmente necesaria. ¡Vivan los chaperos!”

Has sido uno de los mayores defensores de la ‘causa gay’ en España, llegando a militar en los primeros colectivos gay del país, ¿cómo ves en la actualidad la realidad LGTB española?
Han pasado muchos años desde que yo me aparté, pero no creo que haya nada nuevo. Gente con ilusión por trabajar, aunque cada vez menos, abajo. Gente demagoga y con un afán enfermizo de chupar subvenciones, arriba. 
Precisamente terminaste hastiado de ‘politrepas’ como tú les llamas, ¿ya por entonces tan poco importaba la causa y primaba el dinero?
No, entonces no. Lo que jodía todo eran los partidos de izquierda que se infiltraban en todas partes, grupos o asociaciones, para conseguir más que dinero, poder. Lo sé muy bien porque yo fui comunista. En los tiempos de la dictadura, el partido te adulaba mientras le fueras útil y después te tiraba a un rincón.
En eso los políticos siguen siendo iguales. Cuando mi marido y yo quisimos casarnos recurrimos a un político al que nosotros, de forma indirecta, habíamos ayudado a trepar. Nos dijo que no había problema, pero llegado el día de la boda nos dejó colgados porque le habíamos exigido a su secretaria que no queríamos prensa y éramos de los primerísimos que se casaban.
Lejos quedaba la amistad y el cariño de cuando nos invitaba a su casa por su cumpleaños. Pero claro, él es un político que se pasa el tiempo estirando el gaznate para salir en las fotos y nosotros ya no le éramos útiles. En los tiempos en que seis amigos tomamos el registro civil de Madrid al grito de queremos casarnos, él si estaba esperando que llegara la televisión.
En el último minuto, desesperados, localizamos a un concejal que se ofreció a casarnos. Era del PP, una persona amabilísima, lo que demuestra que en todos los partidos hay políticos humanos y politrepas que solo van a su negocio, a por  la pasta y a por el poder.
Los políticos como Tierno Galván son una especie en extinción. Él, siendo alcalde de Madrid, murió en un pisito de alquiler. Si hubiese vivido más, viendo lo que ahora tenemos,  habría muerto de vergüenza.

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